Les cuento que vengo llegando de unas vacaciones familiares, que incluyeron un paso intenso por la Araucanía Andina. En este paso, pudimos dedicar un par de horas de una tarde (al final del día) a la pesca en uno de los runs del Río Allipén. ¿La motivación? La presencia marcadísima e impactante de los enormes chinooks.
Algunos hechos empíricos relevantes en esta ocasión:
- La subida se adelantó este año. Normalmente es fines de Febrero cuando comienzan a verse con mayor frecuencia.
- La subida de este año promete ser una de las más abundantes en los últimos 10 años.
De hecho, la principal pesca de estos gigantes se está haciendo aún en el Toltén, que es el río principal del cual el Allipén es un afluente, pero efectivamente hay varios salmones en estado silver que ya están subiendo por el curso más reducido del Allipén.
Así llegamos al Allipén, conducidos por mi gran amigo Patricio Salas. "La mejor hora es al final del día". Sin duda. Mientras armábamos cañas junto a la camioneta, a orillas del río, veíamos como varios salmones daban sus saltos en una sección de diferentes profundidades. No piensen que era el equivalente de un
hatch con salmones enormes. Creo que una tasa descriptiva razonable es de un salto cada 3 ó 4 minutos. Pero aún así, evidencia clara de la presencia y disposición de estos peces.
Equipos #8, líneas de hundimiento violento (T-350, por ej), líderes de nylon de 0,50 mm, nudos reforzados, y unas - comparativamente - pequeñas moscas tipo streamer-dragon, en número 4 y 2. ¡Al ataque!
Pasamos al menos una hora lanzando nuestras pesadas combinaciones al run. La estrategia era lograr una poca distancia (10 m a lo más), y maniobrar la presentación de modo que la mosca lograse la mayor profundidad, para luego recoger con diferentes velocidades, tirones, etc.
Hasta que el mismo Patricio gritó: "¡Tengo uno!". Me volteé y pude ver la silueta de Patricio contrastada con el cielo al ocaso del día (eran pasadas las 9PM), y a unos 30 metros de él, prácticamente en la otra orilla, un salmón saltando que comparativamente se veía del mismo tamaño que el pescador. Un splash que se escuchó a pesar del ruido de la corriente evidenció la talla del gigante.
Aquí viene la parte que frecuentemente olvidamos cuando andamos en busca de estos gigantes. ¿Qué se hace con "una morsa" de más de 15 kgs al final de una caña de grafito que no pesa más que unos pocos gramos?
Patricio, siendo infinitamente más experimentado que yo, se enfrentó a este desafío. En ocasiones anteriores nos tocaron experiencias similares en otros sectores del río, que ofrecen orillas más vadeables y bajas, con la posibilidad de maniobrar uno de estos enormes peces con mayor control.

Salmón Chinook del Allipén - Marzo 2002 - Rodrigo Sandoval
Pero este run no ofrecía más que unos pocos metros de playa sumergida como posible cancha de aterrizaje. El resto, corriente imposible de vadear. Aún así, en un par de minutos tuvo al salmón a menos de 5 metros de la orilla, aún en casi 2 metros de agua. Ahí es cuando el pescador puede ser engañado, pensando que "ya lo tiene listo". Ni cerca. Patricio lo tenía claro. Mientras mantenía su caña violentamente arqueada y el salmón permanecía estático, sabía que en cualquier momento su actitud podría cambiar.
Durante un rato lo acompañé proponiéndole algunas de las técnicas más clásicas, como ejercer presión apuntando la caña corriente abajo, para hacerlo ir corriente arriba. Funcionó por algunos metros, pero cuando se acercaba a la playa más baja, el salmón volvía a retroceder.
Resumiendo los siguientes 30 minutos, en que al final llegó la noche y no se vio nada, el salmón finalmente arrancó corriente abajo y Patricio terminó en el agua, perdiendo además su línea, aunque ninguna de las dos cosas mermaron su entusiasmo de haber tenido esa titánica pelea.
Terminamos tarde, desarmando equipos en la camioneta, sabiendo que había sido otra pelea contra un titán del río, que siempre tiene todas las de ganar.
Rodrigo
¡Tienes que ser miembro de Comunidad RiosySenderos.com para agregar comentarios!
Únete a Comunidad RiosySenderos.com