La Comunidad de Pesca con Mosca Online
Una de las virtudes del curso superior del Río Baker, que me encantan, es que hay una eclosión casi a diario. No es que esto implique que la pesca es "llegar y llevar", sino que plantea desafíos de imitación que siempre van variando. Con el tiempo, tanto guías, como los que somos sus visitantes frecuentes, hemos aprendido a enfrentar la gran mayoría de éstas, destacándose los movimientos masivos de Mayflies y de Caddis en las tardes.
Pero hay algunas ocasiones, no sólo en este río, que proponen condiciones que parecen insalvables.
¿Te ha pasado que ves a las truchas tomando, pero miras y miras y no logras ver qué insecto es el que atacan?
A mi me ha pasado más veces de las que recuerdo. Muchas de esas ocasiones he resuelto el problema, ya sea con minúsculas imitaciones de Midges (pequeñísimos mosquitos de tamaño 20 o más chicos), o con emergentes. Normalmente la decisión viene en base a la diferencia en la forma de la tomada, pero siempre es posible hacer algunas pruebas y encontrar lo que funcione.
Recientemente me topé con una situación que me fue más difícil resolver.
Las truchas tomaban "algo" en la superficie. Derechamente flotando, y no sumergido unos milímetros. La forma de la tomada era clara, pero a la vez la energía de la tomaba no se condecía con el tamaño normal de mosquitos (midges) que podría haber sido el caso.
Intenté detectar qué era lo que flotaba, pero incluso en tomadas muy cerca mío, no logré ver qué era.
Hasta que uno de los insectos se posó en mis lentes ...
... era una hormiga alada.
Así tal cual, de esas que rara vez nos encontramos, y que nos cuentan que vuelven locas a las truchas, pero que parecen ser parte de la mitología mosquera normal.
Con algo de dificultad, logré atrapar una para observarla con detención y posteriormente fotografiarla, tal como se ve en esta foto acompañante. Pero junto con eso, me llamó la atención el tamaño. Eran hormigas de tamaño 12 y no 22 como son las típicas que vemos en nuestros jardines. El tamaño justificaba la intención con la que las truchas las atacaban en la superficie.
Justo en ese momento miré hacia el río y pude ver algunas pequeñas nubes de estos insectos, corroborando aún más el descubrimiento.
Bueno, como en todas estas historias que nos encanta publicar y leer, la anécdota terminó bien, ya que al abrir mi caja de moscas secas, me encontré con una precisa imitación de este insecto, atada en anzuelo 14. Era levemente más pequeña que el original, pero al menos presentaba la impresión perfecta de este insecto en la superficie.
Primera parte del desafío (y la más importante) estaba resuelta.
Pero el primer lanzamiento me hizo ver que faltaba un detalle. Como se pueden imaginar, intentar detectar este pequeño patrón totalmente negro, flotando a 7 metros de distancia es imposible. Dudo que en mi época adolescente, con mejor vista, haya ofrecido alguna diferencia, porque el recodo de río tenía una corriente estable. No había forma de saber dónde iba flotando la mosca entre la turbulencia y varias hojas y ramas que avanzaban con la corriente.
Solución simple: un strike indicator. Esos mismos que se usan en la pesca con ninfas, pero que en este caso, al pegarlo a unos 30 cm de la mosca, me permitiría tener una idea de dónde va flotando, así detectar con precisión una picada.
Así fue: salió una saludable Arcoiris al segundo lanzamiento.
Pero las buenas historias tienden a durar poco, y así como se vino esta eclosión, también se fue y sólo logré esa hermosa trucha mientras duró el corto frenesí alimenticio.
Sin duda, un recuerdo genial.
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